jueves, 5 de marzo de 2015

Insalata caprese cherry

Llevo unos días, ¡venga a traeros panes!, ¡venga a bizcochos ya comidas calóricas! y no puede ser, hay que cuidarse y ya sabéis que a mí me gusta seguir muy al pie de la letra eso de cinco raciones de fruta y verdura al día. Y si pueden ser más, mejor.
Además, soy una absoluta e incondicional fan de todo tipo de ensaldas. En casa cenamos ensalada al menos 3 noches en semana, pero hay muy pocas en el blog, ¿por qué? Pues porque hacer fotos de noche es un horror. 
De modo que como el otro día, coincidiendo con un día soleado, preparamos esta sencillísima insalta caprese para compartir en la comida, no pude resistirme a sacarle unas fotos para compartirla con vosotros.

Se trata de una ensalada típica italiana, de Capri por más señas, que combina la intensidad del sabor de un buen tomate, con la cremosidad de la mozzarella. Aderezada con aceite de oliva y con alguna hierba aromática, da como resultado un entrante excelente.

A esta versión la he puesto el apellido "cherry" porque, como véis, usé tomatitos cherry y bolitas de mozzarella del mismo tamaño.


(cantidades adaptables en función del número de comensales)

  • tomates cherry 
  • bolitas cherry de mozzarella
  • sal
  • aceite de oliva virgen extra
  • opcionalmente: mezcla de lechugas frescas, albahaca, salvia...
  1. Se lavan bien los tomates y la lechuga si no son de las que vienen ya preparadas. Se secan bien.
  2. En una fuente colocamos un fondo de lechugas variadas y los tomates partidos a la mitad para que suelten algo de juguillo que se mezclará con el aceite de oliva y dará sabor al conjunto.
  3. Escurrimos bien las bolas de mozzarella para que no se nos moje la ensalada del suero en el que se conserva el queso y disponemos por encima, alternándola con los tomates.
  4. Salamos y aliñamos con el aceite de oliva, a nuestro gusto. Lista para comer
Puedes ver más ensaladas aquí: las ensaladas de Cocinando para mis cachorritos.


Como véis, una ensalada sencilla y deliciosa a partes iguales,
¿Cuál es tu ensalada favorita?

martes, 3 de marzo de 2015

Pan de molde con espelta integral y tang-zhong

Tang-zhong, ya estamos con las palabritas raras... Bueno, no os asustéis, que os lo voy a explicar y, además, veréis que no es nada difícil.
El tang-zhong o water roux es una mezcla de agua y harina, una especie de papilla que va a hacer que nuestro pan de molde tenga una miga compacta,pero suave. La típica miga de los panes de molde, pero sin meterle todos los ingredientes raros que llevan los industriales.
La técnica consiste en mezclar un determinado porcentaje de la harina y el líquido de la receta y hacer una especie e bechamel o papilla con ellas. Luego se mezcla con el resto de los ingredientes, se amasa, se deja reposar y se hornea normalmente.



Yo llevaba mucho tiempo queriendo probar esta forma de hacer pan porque se supone que, además, ayuda a conservar el pan tierno durante mucho más tiempo (las explicaciones técnicas, las buscáis en la web panarras, que os lo contarán mejor que yo.
Mis apreciaciones, al final del post ;)

Ahora os dejo con la receta para la que os diré que he usado harina de espelta integral y miel, siguiendo la propuesta del blog La cocina de los Elfos.
Nuestra miel es traída del Pirineo aragonés, que visitamos cada año en verano desde hace unos cuantos ya. Tiene un sabor muy intenso, así que en función de vuestro gusto, adaptad la cantidad en vuestro pan.

  • 260 gr. de tang-zhong, elaborado con 250 ml. de agua y 50 gr de harina de fuerza.
  • 300 gr. de harina de fuerza
  • 300 gr. de harina integral de espelta.
  • 300 gr. de yogur natural (mejor no edulcorado porque la miel ya edulcora lo suficiente)
  • 12 gr. de sal.
  • 40 gr. (1 cucharada grande bien generosa) de miel.
  • 50 gr. de mantequilla
  • 8 gr. de levadura fresca de panadero.

  1. En primer lugar tenemos que hacer el tang-zhong. Nos va a llevar, más o menos 5 minutos.
    Disolvemos la harina en el agua. Lo llevamos al fuego medio, sin que llegue a hervir, hasta conseguir espesarlo. ha de quedar como una bechamel espesita. Reservamos y dejamos templar.
  2. Amasamos el resto de los ingredientes, incluyendo el tang-zong templado, pero reservando la mantequilla y la levadura para el final.
    Cuando estén todos bien integrados, añadiremos la mantequilla templada y la levadura desmenuzada y continuaremos amasando hasta obtener una bola de masa lisita y brillante.
  3. Si hemos hecho la masa en la panficadora, dejamos que el programa de amasado con levado continúe.
    Si hemos amasado con cualquier otro método (procesador de alimentos o a mano) tapamos la masa con un film ligeramente aceitado (esto se hace para evitar que la masa se quede pegada al film si crece y entra en contacto con él) y la dejamos reposar hasta que haya doblado su volumen.
  4. Pasado este tiempo, volcamos la masa en la superficie de trabajo ligeramente enharinada, amasamos para desgasificar y la dividimos en dos mitades.
    A cada mitad le daremos forma de "bola alargada", como si fuera un pan de perrito caliente gigante y la colocamos en un molde de cake forrado con papel de horno. Dejamos reposar hasta que casi hayan vuelto a doblar su volumen.
  5. Pasado este tiempo, encendemos el horno a 250º y pincelamos la superficie de los panes con un poco de leche.
  6. Horneamos a 200º con calor arriba y abajo unos 40 minutos. Si antes de este tiempo vemos que la corteza se está dorando más de lo que nos gusta (es probable, debido al azúcar de la miel), podemos cubrirla con un trozo de papel de aluminio y continuar el horneado.
  7. Sacamos del horno, dejamos templar dentro de los moldes para no quemarnos. Cuando estén templados, los sacamos y dejamos reposar sobre una rejilla hasta que estén completamente fríos.
Una vez frío, el pan de molde se puede conservar en la nevera, como los comerciales o en el congelador, cortado en rebanadas. 
Se supone que con esta técnica del tang-zhong, el pan de molde se conserva tierno durante más tiempo (ay, madre, si parezco un spot publicitario de una conocida marca, ja ja ja). Yo no lo he notado, la verdad. Igual porque he usado harina de espelta que sí he notado otras veces que da como resultado panes algo más secos que si se usa otro tipo de harina. Para asegurarme de los resultados antes de aseverar nada, voy a repetir uno de los panes de molde que mas suelo hacer en casa para comparar texturas y tiempo de conservación.

Por el momento, yo sigo recomendando hacer dos panes (con estas cantidades que os doy salen dos panes de molde), consumir en los días más o menos inmediatos uno de ellos y el otro congelarlo cortado en rebanadas para ir sacándolo según lo necesitamos. Las rebanadas del pan de molde se descongelan en solo unos minutos y si son para tostadas, se meten directamente del congelador a la tostadora. Podéis ver mis sugerencias de congelación pinchando aquí.

Van dos panes seguidos, espero traeros otra cosita a lo largo de esta semana, ¡feliz martes!

martes, 24 de febrero de 2015

Pan con masa madre #retomasamadre

Este fin de semana, por fin, después de varios intentos infructuosos, conseguí llevar a buen puerto el #retomasamadre.
Que sí, que ya sé que los propósitos de año nuevo no son para conseguirlos en el mes de enero, que hay un año entero para ello, pero yo empezaba a desesperar porque no me salía ni un pan decente con mi masa madre a la que tanto he mimado.
Pero como el que la sigue la consigue y para que veáis que todos podemos lograrlo, aquí os traigo no mi primer pan con masa madre porque ya he perdido la cuenta de los que he hecho (y nos hemos comido, porque en casa no se tira nada) sin lograr que fuera un pan en toda regla.

Y hoy pretendo contaros, no solo la receta, que para eso ya está el libro de Ibán Yarza de donde la saqué, sino mis peripecias, mis apreciaciones y cómo yo lo he hecho por si os puede ser de utilidad.


Como paso previo, claro está, tendréis que hacer vuestra masa madre. Si queréis, otro día le dedico una entrada exclusiva para tenerlo todo en el blog. Pero ya os digo que está todo anotadito en la página de facebook de este blog. Si aún no me sigues allí, te estás perdiendo cosas, que lo sepas ;)
De momento, para no alargar mucho esta entrada, os voy a dejar los enlaces de las notas de facebook donde está explicado todo el proceso:
(para más información sobre este tema, consultar el Foro del Pan o la web Panarras)

  • 250 gr. de masa madre al 50%, lista para usar (yo usé masa madre de trigo integral) *
  • 300 gr. de harina de fuerza
  • 300 gr. de harina de todo uso
  • 310 gr. de agua
  • 10 gr. de sal
  • mucha paciencia, perseverancia y ganas de hacer un pan como los de antes, con aromas y un sabor realmente excepcional.
  • un grupo de amigas panarras que por whastsapp te apoyan cuando el pan no sale y te animan al ver que los suyos sí (también cuando los suyos tampoco salen; ya se sabe eso de "mal de muchos...")
    Sin vosotras no lo habría hecho.
* Hago un inciso para explicaros que es toda una ciencia saber cuándo la masa madre está lista para usar. Creo que fue una de las causas de los fallos de mis anteriores panes. Un consejo: cuando hayáis terminado el proceso de elaboración de vuestra masa madre, no la uséis inmediatamente: dedicad unos días a ir refrescándola con paciencia y observándola, haciendo marcas en el bote para saber con qué rapidez sube, cuántas horas tarda en comenzar el proceso y en qué momento alcanza su punto álgido, a partir del cual, vuelve a bajar.
Creo que esto es clave para poder hacer un pan con masa madre porque nos ayuda a entenderla. No es una ciencia exacta, por suerte.
  1. Referescamos nuestra masa madre hasta obtener 300 gr.
    (Solo usaremos 250 para este pan, pero tenemos que guardar un poco para panes futuros, no nos olvidemos nunca de este paso).
    Voy a partir de la premisa, que fácilmente NO se cumplirá en los meses más fríos -tardará mucho más- ni en los más cálidos -tardará muchísimo menos-, de que nuestra masa madre tardará en comenzar a activarse unas dos horas. Esto tampoco se cumplirá si la masa madre está fría, recién sacada del frigorífico. Como véis, muchas variables entran en juego.
  2. Pues, partiendo de la premisa anterior, mezclamos las dos harinas con el agua y lo dejamos reposar unas dos horas, el tiempo que la masa madre tardará en activarse. Este proceso se llama autolisis.
  3. Cuando hayan pasado las dos horas y la masa madre esté activa, mezclamos las harinas que estaban en autolisis con el agua, con la masa madre (no os olvidéis de retirar unos 50 gramos para el próximo pan) y la sal y amasamos.
    Podemos amasar siguiendo diferentes técnicas, aquí cada uno que escoja la que más se adapte a sus gustos:
       ** amasado francés (que yo no controlo, así que no me meteré en temas sobre los que no sé)
       ** amasado sencillo, a base de plegados. Este consiste, como su nombre indica, en ir plegando la masa sobre si misma. Se hacen 3 o 4 pliegues y se deja descansar la masa unos 10 minutos, pasados los cuales se vuelve a plegar y, de nuevo, a dejar reposar. Se repetirá esta operación un total de 4 veces para conseguir retener aire en el interior de la masa y que se formen alveolos en la miga.
      ** lo que yo hice: amasar todos los ingredientes usado el programa de amasado de la panificadora, incluyendo el levado con calorcito, para facilictar que la masa comience a levar porque el proceso es muchísimo más lento que si usamos levadura. Mientras estaba dentro de la pani, lo fui plegando varias veces.
  4. Dejamos reposar la masa dentro de un bol tapado con un paño limpio. Unas dos horas, dice el libro de Ibán Yarza... mi experiencia es que tarda mucho, muchísimo más.
    Así que yo lo hago así: una vez que ha comenzado el proceso de levado, lo guardo en el frigorífico para que allí leve muuuy despacito, pero esto nos permite organizarnos mejor los tiempos. Habitualmente lo dejo dormir dentro de la nevera o incluso uno o dos días, según me convenga hornear en un momento u otro. Esto lo hago también con masas que llevan levadura.
    En el caso de este pan que véis, durmió "solo" 10 horas en el frigorífico. El sábado por la mañana, nada más levantarme, lo saqué.
  5. Pasado el tiempo de reposo (ya sea en frío o a temperatura ambiente), volcamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y recogemos sus extremos formando un hatillo; colocamos el hatillo con el cierre hacia abajo y boleamos con cuidado de no sacar el aire del interior de la masa.
  6. Dejamos reposar en un banetón o en un bol forrado con un trapo de cocina enharinado, durante dos horas más. El cierre del hatillo, en esta ocasión, estará hacia arriba.
  7. Precalentamos el horno, al máximo de temperatura, un recipiente metálico con agua para crear vapor. Mucho vapor será sinónimo de un pan crujiente, así que es conveniente mantenerlo encendido todo el tiempo que esté levando la masa y tapar la salida de vapor que suelen tener los hornos con un trozo de papel de aluminio.
  8. Volcamos la masa sobre una bandeja forrada con  papel de horno, le hacemos unos cortes al gusto (en forma de cruz o de cuadrado, como más nos guste) y metemos en el horno 10 minutos a 250º con calor solo abajo. Antes de cerrar la puerta del horno volcamos parte del agua sobre la parte de abajo del horno para que haga vapor fuerte. Incluso podemos pulverizar con agua el propio pan.
    Truquillo: los cortes (se llaman greñas) se hacen con un cúter mejor que con casi cualquier cuchillo. Cuando hagamos el corte, cotilleamos la parte interior de la miga: se tiene que ver claramente que esta ha comenzado a formarse, aunque estará cruda, evidentemente. Si no es así, dejamos levar un poco más.
  9. Pasados 10 minutos sacamos el recipiente con el agua y bajamos a 200º. Horneamos otros 45-45 minutos. 
    Se sabe cuando el pan está bien cocido cuando, al golpear la base, suene a hueco.
  10. Sacamos y dejamos reposar sobre una rejilla.
  11. Para una corteza aún más crujiente, puede permanecer en el horno apagado durante 30 minutos más, con la puerta entreabierta.
Para cortarlo en rebanadas, es mejor esperar a que esté bien frío. O al menos templado, sé que os va a costar resistiros al olor que saldrá de vuestro horno, pero merecerá la pena.


Sale un pan enorme. Nosotros lo hemos comido en dos días y ha aguantado muy bien. La miga en perfecto estado; la corteza ha perdido un poco el toque crujiente, pero el sabor no ha mermado en absoluto de un día para otro. Tampoco la textura.
El resto, lo congelé rebanado y siguiendo las pautas que podéis ver aquí.

viernes, 20 de febrero de 2015

Bizcocho de mandarina con semillas de amapola

La temporada de mandarinas se nos está terminando ya. Este año he comido unas mandarinas maravillosas de la huerta de Castellón que hemos encargado durante todo el invierno a Naranjas del Sol; no sé si la cosecha ha sido especialmente buena este año o es que las mandarinas "de la huerta a casa" son siempre así de ricas. Desde luego, con lo que a mí me gustan, he disfrutado de lo lindo.

Pero, como el invierno va avanzando, la temporada de esta fruta está ya tocando a su fin y las frutas ya no son igual de jugosas que al principio. No quería despedirme de ellas sin usarlas para cocinar algo; esta vez ha sido un bizcocho. El año pasado hice mermelada (podéis verla aquí: mermelada de mandarinas)

Este bizcocho tiene la miga ligeramente húmeda, como casi todos los que incorporan fruta. Es muy jugoso y aguanta así durante más días que los "secos", precisamente por ese extra de humedad que le aporta la pulpa de la fruta. El toque crujiente lo aportan las semillas de amapola que, además, nos aportarán ácidos grasos insaturados (omega 3 y 6), minerales fundamentales para nuestra salud, como el calcio y el magnesio, vitamina A y fibra. 
  • 3 mandarinas
  • 3 huevos
  • 120 gr. de queso para untar (philadelphia o similar)
  • 120 ml. de aceite de oliva
  • 200 gr. de azúcar
  • 300 gr. de harina
  • 1 sobre de levadura
  • 3 cucharadas de postre de semillas de amapola
  1. Precalentamos el horno a 170º.
  2. Pelamos las mandarinas, le retiramos la hebra interior más gruesa y las trituramos.
    Con My Cook: 1 minuto, velocidad 7.
    Con cualquier otro accesorio de cocina, hasta que quede un puré más o menos fino.
  3. Ponemos la mariposa en la cuchilla de la My Cook e incorporamos el resto de los ingredientes, salvo las semillas de amapola (la harina, si es posible, previamente tamizada) y mezclamos, 3 minutos a velocidad 7, para que quede una mezcla bien espumosa.
    Si lo hacemos con una batidora normal, iremos incorporando al puré de mandarinas todos los ingredientes, poco a poco, en el orden que están enunciados y cuidando de que el ingrediente esté bien integrado en la masa antes de incorporar el siguiente.
  4. Mezclamos las semillas de amapola con el resto de la masa, pero ya manualmente, para que no se trituren.
  5. Engrasamos un molde apto para horno, volcamos en él la masa y horneamos unos 45 minutos, calor arriba y abajo, hasta que, al pinchar con un palito, este salga seco.
Para desmoldarlo con éxito, es conveniente que el bizcocho sea haya templado un poco; de otra forma, podríamos romperlo.
Cuando esté templado, pasamos un cuchillo (o un utensillo de silicona, casi mejor, para no rallar el molde) por los bordes para que el bizcocho se separe un poco de las paredes y lo abrimos, si se trata de un molde desmontable. Una vez quitado el aro, con cuidado, pasamos de nuevo el cuchillo para separar el bizcocho de la base y ¡voila!: un delicioso bizcocho para desayunar o merendar.



Es mi tercera aportación al #proyectobizcochowebos
Yo no puedo cocinar un bizcocho a la semana porque me gusta hacer otros dulces y, por suerte, no consumimos tantos en casa. Con un dulce a la semana, sea bizcocho o no, vamos servidos. Pero me gusta esta iniciativa porque me está ayudando a hacer bizcochos un poco diferentes y a pensar más qué tipo preparar para la próxima. Ya tengo pensado cuál será el siguiente, que llevo mucho tiempo con ganas... Una pista: será del mismo color que este de hoy con el que os deseo un muy feliz fin de semana.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Reto recetas sanas: tortilla de espinacas

Objetivo: que los cachorritos coman verdura.
Objetivo secundario: que los cachorritos coman verdura sin quejarse demasiado.

Y eso que no me quejo porque mis cachorritos comen, como digo siempre, de (casi) todo. Pero es que hay algunas verduras que yo no sé qué nos pasa con ellas cuando somos niños porque conozco a muy pocos que las comen con ganas.
Y me atrevo a decir que las espinacas se lleva la palma, con lo riquísimas que están. Y más estas, que son de nuestro huertito y tienen un sabor que no os lo podéis ni imaginar.
Pero ellos... pues no opinan igual, así que llevo todo el invierno inventando recetas con espinacas, camuflándoselas entre la carne en filetes rusos o en este delicioso pastel {enrollado}de carne
No son tontos y no les engaño. Tampoco es ese mi objetivo. Ellos saben perfectamente que lleva espinacas, pero así las acpetan y se las comen. A veces, hasta dicen que están ricas.

Así que una noche, con menos ganas de inventar, decidí arriesgarme con una sencilla tortilla de espinacas. Para mi sorpresa, la comieron con gusto.
Objetivo conseguido.

(por persona)
  • 2 huevos
  • 75-100 gr. de espinacas frescas
  • sal
  • 1 diente de ajo
  • aceite de oliva

  1. Limpiamos bien las espinacas.
    Si son compradas en bolsa, es probable que ya vengan lavadas y podamos prescindir de este paso. Si son frescas frescas de verdad, como las mías, del huertito, habrá que lavarlas a conciencia para retirar los restos de tierra.
  2. Las escurrimos muy bien. Puede ser de gran ayuda un centrifugador de verduras.
  3. En una sartén, echamos un par de cucharadas de aceite de oliva y salteamos el diente de ajo pelado (entero si queremos retirarlo después).
    Salteamos las espinacas hasta que estén tiernas. Es bastante probable que su tamaño se reduzca mucho. Retiramos de la sartén y reservamos.
  4. En un bol amplio, batimos los huevos con una pizca de sal, hasta que estén espumosos e incorporamos las espinacas salteadas.
  5. Calentamos de nuevo la sartén con una cucharada de aceite de oliva y cuajamos la tortilla a nuestro gusto.
Se consume recién hecha y calentita. Es una cena perfecta, casi nada de grasas, muchas vitaminas. Terminamos con una pieza de fruta, preferentemente un cítrico para que la vitamina C nos ayude a fijar el hierro de las espinacas en nuestro organismo y podemos estar seguros de haber tomado nutrientes suficientes para descansar satisfechos.


Más recetas con espinacas:
Quiche ligera de espinacas y gorgonzola.
Repápalos de verduras.

No os olvidéis de la premisa: consumid al menos cinco raciones de fruta o verdura al día. Es fundamental para una alimentación equilibrada y para asegurarnos el imprescindible aporte de vitaminas.

lunes, 16 de febrero de 2015

Concurso tercer cumpleblog

Cumpleaños feliz, cumpleaños feliiiiiz. Yo solita me lo digo todo...tres añitos ya cumple este mi blog.
Quién me lo iba a decir cuando me lancé a la piscina sin saber muy bien lo que hacía, sacando fotos a los platos más usuales en mi casa con el móvil, de noche. Fotos de pena que en algunos casos he ido mejorando y en otros siguen ahí dando cuenta de lo que es hacer sin saber. No tenéis más que daros un paseíto por las primeras entradas del blog.

Fotos a parte (porque creo que, sin ser la reina, bastante he mejorado en este sentido), el balance de estos tres años es positivo no, súper positivo. He aprendido muchísimo -de cocina y de otras cosas-, he hecho recetas que ni se me habrían pasado por la cabeza y que se han convertido ya en habituales en casa y, sobre todo, he conocido a gente maravillosa con la que compartir, de la que aprender y que me acompañan en mi día a día.

Y, como yo estoy tan contenta de estar aquí con mi blog y de que vosotros estéis ahí leyéndome, enviándome fotos de "mis recetas en vuestras manos" y comentándome, he decidido celebrarlo con un concurso.
Para ello cuento con la colaboración de Mantequera del Tineo, una empresa asturiana dedicada a la elaboración de mantequilla tradicional que ya había colaborado anteriormente con este blog y con la que preparé un hojaldre casero absolutamente maravilloso y unas palmeritas para el café que fueron de pecado mortal. Podéis verlos aquí.

Bueno, que me enrollo y no os dejo las cosas claras. Por resumir: voy a celebrar mi cumpleblog con un concurso y Mantequerías del Tineo colaborará con nosotras muy amablemente porque no han dudado ni un momento desde que se lo propuse en ofrecerme su apoyo. Así que, desde aquí, mil gracias porque esto hace que el blog sea un poquito más grande.

A continuación os cuento las bases del concurso (porque será un concurso, no un sorteo, aunque os prometo que será facilito):
  1. Tendréis que elaborar cualquier receta con mantequilla de este blog. Poniendo "mantequilla" en el buscador, os saldrán unas cuantas sugerencias. Elegid la que más os guste, ninguna vale, por si misma, más que otra.
    Si tenéis blog, la publicáis y me dejáis el enlace en un comentario en esta entrada, para llevar yo la cuenta de los participantes.
    Si no tenéis blog, me mandáis la receta y una foto del resultado final a esta dirección: cocinandoparamiscachorritos@gmail.com
    Solo se admite una receta por concursante.
  2. El plazo para publicar y hacerme llegar vuestras recetas finaliza el 9 de marzo de 2015 a las 23:59. Tenéis tres semanas enteritas, no os quejaréis...
  3. Sobre la entrada que publiquéis en vuestro blog:
          * Tiene que ser de nueva publicación, no se admiten entradas anteriores.
         * Deberéis el logo del concurso y enlazarlo a esta entrada. Podéis, también, colgarlo en el lateral de vuestros blogs para que más gente se entere, ¡así será más divertido!
          * No os olvidéis de decir qué receta de este blog estáis "copiando".
  4. Finalizado el plazo, un jurado formado por las dos cocinillas de Cocinando para mis cachorritos y una persona designada por Mantequera del Tineo, elegirá la receta ganadora. En el plazo máximo de 3 días, nos pondremos en contacto con el ganador para que envíe sus datos a Mantequera del Tineo que le hará llegar su premio.
  5. Solo se enviarán premios a direcciones de correo de la península.
Pues, ¡a concursar! Ya podéis ir añadiendo vuestras recetas:



¡¡Feliz semana y feliz cumpleblog!!

Edito esta entrada para ir colocando aquí las recetas enviadas por los participantes:

Isabel, del blog Las delicias de Isabel ha preparado unos extraordinarios kanelbullar, jugosos bollos rellenos de canela que, a mí, me apasionan:
Ana, del blog Cocinando con Anni, le saca jugo a su panificadora. Para la ocasión ha preparado uno de mis bizcochos favoritos, el de leche condensada.

Montse, del blog No sin mi táper, nos ofrece su propia versión del bizcocho de leche condensada en panificadora. Ella lo ha llamado "de los cachorritos" :) y le ha añadido algún ingrediente adicional:

Amalia, del blog Cuadernos de cocina, ha preparado la deliciosa y para mí entrañable trenza de Almudévar, típica de Huesca, delicioso "pan" dulce relleno de frutos secos

Lidia, del blog Glace Moka, se ha decantado por un plato salado, unas croquetas de gambas que en casa hacen las delicias de los cachorritos y ¡también las de los mayores!

Isa, del blog Cocina con Reina, ha hecho coliflor con bechamel, pero ella lo ha convertido en brócoli con bechamel. A mí me encanta la modificación porque, además, ahora tenemos el huerto con una explosión de brócolis que en pocas semanas pedirán ser recolectados todos a la vez.

Chus, del blog Para estar por casa, ha elegido una receta gourmet del papá de los cachorritos, un risotto de salmón ahumado que quita el sentido:

Los bollicaos caseros que ha hecho Lydia, del blog Historias de pitufines, son unos de los dulces favoritos de la cachorrita pequeña y es que, en serio, ¡son una delicia!
Julia, del blog Julia y sus recetas, parece que se está enganchando al mundo panarra tanto como yo. Para demostrarlo, participa en el concurso con unos extraordinarios panecillos de avena:

viernes, 13 de febrero de 2015

Huevos rellenos con gulas

Rápidos de hacer, fáciles de comer y tuneables al gusto hasta donde nuestra imaginación quiera, los huevos rellenos son una apuesta segura, un aperitivo ideal o una cena perfecta.
Esta vez los he rellenado con gulas a petición del cachorrito mayor que las adora y un día me dijo que hacía mucho que no las comía.
No tienen más misterio, ni necesitan más presentación, os dejo directamente con la receta. Recordad adpatar las cantidades al número de comensales y en función de si queréis usarlo como entrante o como plato principal.
(para 4 personas)
  • 4-5 huevos
  • 200 gr. de gulas (frescas o congeladas)
  • 1 o 2 dientes de ajo
  • un chorrito de aceite de oliva
  • agua, vinagre y sal para cocer los huevos.
  • mayonesa (opcional)

  1. Lo primero de todo es cocer los huevos.
    Hace unos meses en el blog de La cocina typical spanish hicimos un par de post recopilando truquillos para cocinar sin problemas con huevos. Aquí os dejo, en concreto, el dedicado a la cocción para que podáis leerlo.
  2. Mientras los huevos cuecen y se enfrían lo suficiente para poder pelarlos sin quemarnos, podemos ir preparando las gulas. Para ello, ponemos al fuego una sartén, añadiendo un chorrito de aceite de oliva y los dientes de ajo pelados y partidos a la mitad. Yo prefiero dejarlos grandes para luego retirarlos, pero si queréis, podéis picarlos finos para que se mezclen bien con la farsa del relleno.
    Cuando el aceite esté caliente, añadimos las gulas y removemos. Dejamos que se sofrían unos 5 minutos a fuego vivo, hasta que el agua se evapore, que no lleguen a tostarse porque para esta preparción quedan mejor jugositas. Reservamos.
  3. Pelamos los huevos, los partimos a la mitad y sacamos las yemas.
  4. Mezclamos las yemas con las gulas y, si queremos, echamos un par de cucharadas de mayonesa. 
  5. Rellenamos los huevos con esta farsa y servimos.
    Lo ideal de estos huevos rellenos es comerlos templados, pero están igualmente deliciosos fríos.


Con esta receta, os deseo feliz fin de semana y ¡nos vemos el lunes con sorpresa!

martes, 10 de febrero de 2015

Patatas revolconas #conpatatasyaloloco

Este mes estábamos emplazados, a iniciativa de la anfitriona de La cocina typical spanish, Margot (de El cajón desastre de Maggie) a cocinar patatas. Pero, claro está, platos de patatas #typical spansih, que de eso se trata en estas iniciativas, de conocer la gran variedad de la gastronomía española.

Lo hemos llamado #conpatatasyaloloco :)

Pues yo me he decantado por unas tradicionales patatas revolconas, clásicas de tierras salmantinas y muy resultonas.
Es un plato contundente que puede sevir perfectamente por si mismo como primer plato (o, incluso, plato único) o como guarnición siendo recomendable, en este caso, reducir de forma considerable la cantidad asignada a cada comensal.

Parece que, debido al aporte calórico del plato, era el inicio perfecto del día para las tareas de labranza: barato y lleno de energía. Comenzaba a prepararse con la matanza, aprovechando las carnes sobrantes de la misma y el pimentón utilizado para la elaboración de los embutidos.



Yo no lo conocía hasta que hace unos cuantos años ya, hice un viaje con el papá de los cachorritos por pueblos salmantinos. No nos quedó más remedio que probar las patatas revolconas que veíamos en todas las tascas y restaurantes de la zona, ¡nos encantaron!
Pero no había vuelto a comerlas desde entonces, aquí no se estilan... Cuando Margot hizo su propuesta, como corresponde a los anfitriones de La cocina typical spanish, enseguida se me fue la cabeza a este plato del recuerdo y, curioseando por internet, vi que no era nada difícil de preparar, así que aquí os las traigo.
Por cierto, que tuve que recurrir a internet porque en mis libros de cocina, incluso en 2 que tengo de cocina tradicional, no pude encontrarlas. Está claro que lo que no está en internet, no existe.
(para una guarnición para dos personas)
  • 2 patatas medianas o una grande
  • 50-100 gr. de tocino fresco entreverado
  • 2 hojas de laurel
  • agua
  • 1 cucharadita de pimentón dulce de la Vera
  • 1 puntita de una cucharadita de pimentón picante (no más, que si no picarán demasiado y no es lo suyo en este plato)
  • 2 dientes de ajo
  • 3 cucharadas de aceite de oliva

  1. Lavamos bien las patatas y las ponemos a cocer, con piel, en una olla bien cubiertas de agua, con las dos hojas de laurel y una cucharadita de sal.
    Deberán cocer hasta que estén tiernas: pinchándolas con un palito, este no debe oponer resistencia. Podéis hacerlo en un cazo o en la olla rápida que fue como lo hice yo; en este caso, serían 10 minutos de cocción desde que el pitorro sube del todo.
  2. Cuando la olla haya perdido presión del todo, la abrimos, reservamos el agua (sin las hojas de laurel) y pelamos las patatas. Las troceamos y aplastamos con un tenedor en un bol amplio.
  3. En una sartén, calentamos el aceite de oliva y los dientes de ajo. Cuando empiecen a dorarse, incorporamos el pimentón, damos un par de vueltas y rápidamente, para que no se queme (amargaría y nos estropearía el plato), echamos 2 cucharones del agua de cocer las patatas que teníamos reservado. Dejamos un minuto para que se evapore un poco y añadimos esta salsita, retirando los ajos, a las patatas chafaditas.
    Removemos bien y rectificamos de sal.
    Reservamos tapadas en una cazuelita de barro o de cerámica para que no se enfríen.
  4. Calentamos una sartén (mejor antiadherente y sin aceite) y tostamos el tocino troceado finito hasta que esté doradito a nuestro gusto. Debería de quedar crujiente porque una de las características fundamentales de este plato es precisamente el contraste entre el crujiente de los torreznillos y la suavidad del puré de patata.
Se sirve caliente, con los torreznos por encima y se come todo junto. Es delicioso; a mí, que no suelen gustarme los platos con tocino, panceta ni este tipo de cosas -y tampoco soy muy amiga de las patatas-, sin embargo estas patatas me encantan.



Para ver más patatas typical spanish e ir por ahí, #conpatatasyaloloco, pasaos por el blog de La cocina typical spanish. Igual os apetece ser anfitriones de un próximo reto...

¡¡Feliz martes!!

sábado, 7 de febrero de 2015

Kanelbullar {bollitos suecos de canela}

Desde que estuvimos en Estocolmo, hace un año, llevaba con ganas de preparar estos deliciosos bollitos de canela.
Cada mañana desayunábamos en el bufé del desayuno y yo no podía evitar coger uno (uno, o dos, o tres, ejem) kanelbullar. Puro vicio.
Allí los tienen en dos versiones: los enrollados "normales", como una espiral y estos tan llamativos; me pasé buena parte del viaje pensando cómo harían para darle esta forma tan bonita, hasta que el año pasado me regalaron para mi cumple el libro Pan casero, de Ibán Yarza. Ahí estaba la solución al enigma. A pesar de todo, he tardado mucho, demasiado tiempo en preparar estos bollitos. Y ahora no me explico cómo he podido vivir sin ellos.


He hecho alguna modificación sobre la receta de Ibán porque mientras que amasaba, me di cuenta de que la masa estaba muy seca, así que tuve que añadirle algo más de líquido (opté por un huevo, para enriquecer la masa) y no le añadí el cardamomo porque al papá de los cachorrritos no le gusta nada y porque no recordaba yo el toque de cardamomo en estos bollos. Pero probaré a hacerlos de nuevo con esta especia para ver la diferencia. 
De momento, os dejo la receta que yo hice que es, como ya os he dicho, sencillamente deliciosa:
Para la masa:
  • 390 gr. de harina (yo usé harina de fuerza)
  • 210 gr. de leche entera
  • 1 huevo
  • 75 gr. de mantequilla
  • 75 gr. de azúcar
  • 8-10 gr. de levadura fresca
  • 4 gr. de sal
Para el relleno:
  • 70 gr. de mantequilla
  • 70 gr. de azúcar moreno
  • 2 cucharadas de canela
Para decorar: 
  • 1 huevo batido
  • azucar perlado (se puede sustituir por azúcar blanquilla, almendras fileteadas o lo que más os aptezca)
  1. La noche anterior preparamos un poolish con 150 gr. de harina, 150 ml. de leche y 1 o 2 gr. de levadura fresca. Removemos hasta que esté todo bien mezclado, tapamos con papel film para que no se reseque y dejamos reposar toda la noche para que fermente.
    Este paso es de mi cosecha; me gusta, siempre que puedo, hacer este tipo de bollitos con prefermento, pero en la receta del libro no venía. Si no quieres hacerlo, pasa directamente al paso 2.
  2. Mezclamos bien todos los ingredientes de la masa, salvo la mantequilla y la levadura y amasamos hasta obtener una bola lisa y brillante. Puedes hacerlo a mano o utilizar algún procesador de alimentos, como la panificadora o la My Cook.
    Cuando la bola de masa esté lisa, incorporamos la mantequilla y la levadura y volvemos a amasar, sin añadir más harina, hasta que de nuevo consigamos una masa lisita y brillante.
  3. Tapamos bien y dejamos reposar en un lugar alejado de las corrientes de aire, hasta que aumenten bastante su volumen, aunque no es necesario que llegue a doblarlo.
    Truquito: si amasáis en la pani o en la My Cook, podéis dejarlas levar ahí mismo, en el caso de la pani, bien cerrada y si es en la My Cook, dentro de la jarra tapada también con el tapón dosificador. De esta manera no manchamos otro recipiente.
  4. Cuando la masa esté a punto de terminar su levado, preparamos el relleno, mezclando la mantequilla derretida (podéis usar el microondas o un cazo, pero cuidado que no llegue a freírse) con el resto de los ingredientes. Reservamos.
  5. Volcamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y extendemos con un rodillo hasta conseguir un cuadrado de 40x40 (más o menos, eh, tampoco hace falta que saquéis la regla para medir).
  6. Extendemos la mezcla del relleno sobre toda la superficie -imagen 1- y doblamos la masa en tres, en forma de tríptico -imagen 2 y 3- y cortamos tiras por la parte más corta, hasta terminar la masa -imagen 4- 
  7. Con cada tirita de masa que tenemos cortada, daremos forma a un bollito. Parece complicado, pero no lo es: este paso lo hico la cachorrita pequeña, ella solita; disfrutó como una enana y mirad el resultado, le salieron preciosos, ¿a que sí? Pues ¡quien dijo miedo!
    Para formar los kanelbullar tenemos que coger una tira de masa, respetando la doblez y la retorceremos sobre si misma para que adquiera forma de espiral. Luego, la enrollaremos sobre si misma, cuidando de que los extremos queden bien metiditos hacia abajo, para que no se nos abran al hornearlos -imagen 5-.
  8. Vamos depositando los bollitos sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear -imagen 6- y dejamos reposar una media hora, para que aumenten un poquito su volumen.
    No queremos que crezcan demasiado, pero sí que estén jugosos.
  9. Pasado este tiempo, encendemos el horno al máximo para que se vaya calentando y, mientras, pintamos los kanelbullar con el huevo batido y decoramos al gusto con azúcar perlado.
  10. Horneamos a 220 durante 7 minutos aproximadamente, hasta que empiecen a dorarse. No más tiempo porque se quedarían secos.
  11. Sacamos del horno, depositamos sobre una rejilla para que se templen y ¡listos para merendar!

Mi consejo: si no os vais a comer todos los kanelbullar en el día o, como mucho, al día siguiente, es mejor congelarlos en cuanto se hayan enfríado. Cuando queramos consumir uno, bastará con sacarlo del frigorífico un par de horas antes (o menos, si hace calor fuera). Para descongelarlos es muy conveniente hacerlo dentro de una bolsa de plástico para que no pierdan humedad; veréis que estarán como recién hechos.
Más consejos sobre congelar panes o bollos con este tipo de masa, pinchando en la imagen a continuación:

Con estos bollitos participo en la iniciativa de este mes de ¡Qué rico, mami! consistente en preparar una receta de un libro {casi} fielmente, cambiando solo un ingrediente. Podéis ver si mis compis han sido capaces de ceñirse a una receta de libro visitando su blog:


Espero que mi propuesta os guste. De hecho, estoy casi segura de que, si os gusta la canela, os va a encantar.

A todo esto, redactando la entrada, me he dado cuenta de que este no es el primer dulce sueco que tengo publicado en el blog. Podéis ver, además: 
Semlor, bollos suecos de cuaresma. Para llorar de placer.
Galletas suecas especiadas. Originales, diferentes y deliciosas.
¡Feliz fin de semana!