jueves, 4 de octubre de 2012

Bolinhas de Portugal

Este año hemos estado en la playa en Huelva, muy cerquita de Portugal (un día cruzamos el Guadiana para pasar la tarde en tierras lusas porque a los cachorritos les hacía ilusión ir a otro país, qué ricos).
El caso es que en la playa, a diario, pasaban vendedores de "bolinhas de Portugal", como promocionaban ellos a gritos: "¡¡¡¡Booooolinhas!!!!" o "¡¡Bolinhas de Portugal!!, ¡con crema y sin crema!, ¡con chocolate!".
Genial.

Y como a la cachorrita le encantan los dulces, el papá de los cachorritos decidió que, con esa excusa, un día merendarían bolinhas de Portugal.
Estaban muy buenas, la verdad. Eran bolas grandes (lo de bolinhas que, sin tener ni idea de portugués, presumo que es el diminutivo de bolas -o sea, bolitas- no es más que un eufemismo) de una masa bastante parecida a la de los donuts, pero sin el agujero y bien rebozaditas de azúcar. Mu parecido a los donuts de pastelería, no a los envasados.

Así que, después de la segunda merienda "bolinhera", decidí que a la vuelta rememoraríamos las tardes de playa cocinando unas bolinhas en casa.


Busqué en la red varias recetas de donuts, para hacer la masa. La que más me inspiró fue la del blog de Kisa.

Esta es mi receta, más o menos improvisada.

Ingredientes:
  • 135 ml. de buttermilk
  • 40 gr. de azúcar para la masa y algo más para rebozar las bolinhas después de fritas.
  • 12,5 gr. de levadura fresca.
  • 60 gr. de mantequilla en pomada.
  • 1 huevo
  • 300 gr. de harina de fuerza
  • 1 cucharada de extracto de vainilla
  • Aceite de oliva para freír
Yo lo preparé así:

  • Amasar todos los ingredientes, salvo el aceite de oliva y el azúcar que reservaremos para rebozar. Yo, cómo no, lo amasé en mi querida panificadora, que tanto me ayuda en la cocina, más maja, ella.
    Pero no finalicé el programa de amasado, si no que, al finalizar el primer amasado, puse la masa repartida en dos boles grandes -en previsión de que creciera y se me saliera si usaba solo uno, como creo que habría terminado ocurriendo- a reposar en el frigorífico durante toda la noche.
    Si no hubiera sido por la noche y no hubiera estado preparando el desayuno del día siguiente, si no la merienda, lo habría dejado levar en la propia panificadora hasta el comienzo del segundo amasado.
  • A la mañana siguiente (o cuando termine el levado y la masa haya doblado su volumen, según la opción que hayamos elegido), sacar la masa del frigorífico y dejarla templar un poco para que sea más manejable. Según la temperatura exterior, una media hora puede ser suficiente. No se trata de que vuelva a levar, simplemente de que pierda un poco de frío para que no nos sea tan difícil crear las bolinhas.
  • Formar las bolinhas, del tamaño deseado. Las mías fueron considerablemente más pequeñas que las que vendían en la playa. Eso dependerá, tanto del gusto de cada uno, como del tamaño de la sartén en que vayamos a freírlas y de la cantidad de aceite que queramos usar: tienen que sumergirse por completo en él.
  • Dejarlas levar una o dos horas más, dependiendo de la temperatura, hasta que vuelvan a doblar su volumen.
  • Freír en abundante aceite caliente, teniendo cuidado de que no se nos quemen por fuera y se queden, a la vez, crudas por dentro. Esto podría pasar si el aceite está demasiado caliente.
  • Dejarlas reposar sobre un papel de cocina o sobre un absorvente para que suelten el exceso de grasa y para que se enfríen un poco.
  • Rebozarlas con azúcar y dejar reposar un rato antes de servir.

Recién hechas, cuando todavía no se han enfriado del todo están ¡¡buenísimas!!
Dos se comió la cachorrita para desayunar.
Pero el truco para que sean excelentes es conseguir que tu hija de cuatro años se levante con ganas de ayudarte a cocinar, haga las bolitas con sus manos y te ayude, luego, a rebozarlas con azuquitar mientras se rechupetea los dedos y se pone bien pegajosa la cara. Infalible.