miércoles, 20 de febrero de 2013

Chocolate pumpkin pie. Desafío en la cocina.





Día 20 = Desafío en la cocina.
Esta vez desafío dulce y, por encargo de Mª Luz, de Trasteando en mi cocina, una "pumpkin pie". Una tarta americana de calabaza.
Lo cierto es que varios miembros del grupo del desafío entramos en shock cuando nos enteramos de lo que teníamos que cocinar. No en vano, esto es un "Desafío en la cocina".
Se trata de una tarta con una base de masa quebrada y relleno de calabaza que, combinada con especias (canela, jengibre, nuez moscada y clavo de olor) es muy típica de las fiestas de acción de gracias y de las navidades americanas.
Yo he adaptado la receta original a los gustos de casa y es que no creía que una tarta de calabaza fuera a triunfar: cocinar para los cachorritos es lo que tiene. En cambio, con chocolate, todo entra mejor.
Además es que yo no soy muy de especias y no tenía ninguna intención de usar jengibre ni clavo de olor, no me gustan. Pero la idea de no echarlas, así, sin más, tampoco me convencía porque le quitaría toda la gracia a la receta.
Así que navegué y navegué por la red y vi alguna página americana en la que usaban chocolate o coco para darle otro toque a esta tarta. De ahí saqué mi idea. De ahí y de aquí.

Ingredientes:
(para un molde de unos 20 cm. de diámetro)
Para la masa:
  • 100 gr. de mantequilla fría cortada en cubos.
  • 200 gr. de harina (yo usé harina de fuerza por motivos de intendencia doméstica, pero por lo que he leído en todas las recetas, la harina "normal" o "de todo uso" valdría perfectamente)
  • 5 cucharaditas de azúcar
  • 1 huevo
  • 1 pizca de sal
  • 2 cucharadas colmadas de cacao en polvo (no colacao ni nesquick, cacao tipo Valor)
  • 1 par de cucharadas de agua fría (solo en caso necesario).
Para el relleno de la tarta:
  • 700 gr. de calabaza (aproximadamente)
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 150 ml. de nata líquida
  • 150 ml. de leche
  • 165 gr. de azúcar
  • 3 huevos
  • 1 cucharada de esencia de vainilla
  • 3 o 4 cucharadas de cacao en polvo
  • 1 cucharada de coco rallado.
¿Cómo lo hacemos?
Primero tenemos que preparar la masa quebrada. Podemos sustituirla por masa quebrada comprada (la venden refrigerada y congelada, pero a mí me apeteció hacerla yo para darle también el toque de chocolate; además, me ha venido bien aprender a hacerla porque así la usaré para alguna quiché, que me encantan).
Tenemos que procurar trabajarla poco para que no coja elasticidad y haga honor a su nombre: masa quebrada.
  • Mezclamos la harina con la mantequilla fría cortada en daditos pequeños, hasta que se nos quede una mezcla arenosa. No tiene consistencia de masa.

  • Añadimos el resto de los ingredientes de la masa, salvo el agua, y mezclamos bien, como he dicho antes, sin trabajar demasiado.
    Añadiremos solo el agua si vemos que la masa queda demasiado seca y difícil de trabajar, arenosa. Solo si la masa lo pide. Si no, prescindiremos de ella. Yo no tuve que usarla.
  • Le damos forma de bola, la envolvemos en papel film y reservamos durante una hora o dos en el frigorífico. Yo no disponía de tanto tiempo, así que lo metí en el cogelador durante media hora, más o menos, mientras prepararaba el relleno de la tarta y trasteaba por la cocina apañando otras cositas.
  • Pasado este tiempo, sacamos la bola del frigo o congelador, la ponemos sobre dos láminas de papel parafinado y la extendemos con el rodillo hasta que quede del grosor deseado. No demasiado gruesa, aunque no crece en el horno.
  • Forramos con la masa el molde en el que preparamos la tarta y la pinchamos con un tenedor.
  • Metemos al horno, previamente precalentado, a 180º durante 30 minutos, aproximadamente. Las indicaciones habituales para este tipo de masa es "hasta que se dore". El problema es que, al ser esta chocolateada, no le veremos el color dorado, así que tendremos que estar pendientes para que no se nos queme.
  • Cuando esté lista sacamos y reservamos. Si tuviéramos el relleno ya listo, deberíamos dejar la masa templar un poco.

Ahora nos toca preparar el relleno; mientras lo hagamos, mantenemos el horno encendido, para que conserve el calor, ya que no se tarde mucho y, en cuanto lo tengamos listo, tendremos que volver a meter la tarta:
  • Asamos la calabaza, bien en el horno, aprovechando el calor del precalentado y el horneado de la masa o bien en el microondas, hasta que esté blanda y se pueda escachar con un tenedor fácilmente.
    Esto dependerá mucho del tipo de calabaza porque el que yo usé esta vez (prohibido preguntarme el nombre o tipo, no tengo ni idea, solo sé que era diferente) era distinto al que había usado para preparar este bizcocho y me costó bastante más que cogiera el punto adecuado.
  • Aplastamos la calabaza asada con un tenedor y la dejamos escurrir unos minutos para que suelte el agua que pueda tener.
    Puntualizo de nuevo que dependerá del tipo de calabaza. Esta mía no soltó ni gota...
  • Ponemos en un cuenco amplio 500 gr. de calabaza asada (si nos sobra, podemos hacer con ella una crema de calabaza) y el resto de los ingredientes del relleno, salvo el coco rallado. Mezclamos bien con la batidora. Cuando esté listo, incorporamos el coco rallado y removemos con una cuchara de madera o con unas varillas.
  • Vertemos la mezcla sobre la base de masa quebrada y metemos al horno a 180º durante 30 o 40 minutos.
  • Iremos comprobando si la tarta está lista, pinchando el centro con un palito. La sacaremos del horno cuando el palito salga limpio, aunque parezca que no está cuajada del todo; en este momento la textura de la parte central de la masa será parecida a la del flan, pero no la dejéis más en el horno o se secará.
  • Dejamos reposar la tarta hasta que esté templada y, entonces, la metemos al frigorífico.

La experiencia de mis compis del Desafío en la cocina dice que esta tarta está mucho más rica de un día para otro. Yo, puesto que la llevé para el cumple de mi suegra, preferí no arriesgarme y hacerlas caso.
La tomamos fría y acompañada de nata montada.


Es una tarta especial, con una textura suave y una mezcla de sabores delicados, combinados con el intenso sabor del chocolate. La masa crujiente le da un toque muy especial, como los típicos "pies" (pais, que no pies) anglosajones.
No es de mis tartas favoritas, pero es especial. Me quedo con las ganas, ahora, de preparar algo más clásico, el apple pie del que tanto escuché hablar cuando estudiaba inglés. Todo será probar ahora que sé cómo preparar la masa quebrada.

No quiero finalizar esta entrada sin agradecer al grupo del Desafío porque sin él no habría probado, ni en sueños, a preparar esta receta y, oye, siempre hay que probar cosas nuevas; de todo se aprende y ¡en la cocina también!
Los demás cocineros han preparado más pumpkin pies que podéis ver aquí. No dejéis de cotillearlas, seguro que hay propuestas sorprendentes. Yo voy ya mismo a pasearme por sus blogs.

El próximo Desafío en la Cocina será el día 20 de marzo; será una receta salada que propondrá Rocío, de Chismes y Cacharros, ¡a ver con qué nos sorprende!

Feliz miércoles, que ya estamos a mitad de la semana.